Volverán los coches sin volante, como en los viejos tiempos

¿Os imagináis los coches sin volante? Seguramente, no. Es un elemento imprescindible para poder dirigir el coche, tomar las curvas, mantenerlo recto y efectuar maniobras. Además, hoy en día, este componente ofrece muchas otras funciones, ya que incorpora los mandos para controlar otras dotaciones del vehículo como el sistema de audio, el teléfono o el ordenador de a bordo. Y todo ello sin contar las palancas ubicadas en la columna de dirección (limpiaparabrisas, intermitentes, luces…). El objetivo es evitar que el conductor tenga que soltar el aro para accionarlos.

En 1996, Mercedes-Benz presentó un prototipo sin volante… aunque no sin dirección. Su manejo se realizaba mediante un joystick situado en la zona donde tradicionalmente se encuentra el cambio de marchas. Dicho elemento, además, servía de acelerador y freno. Este concepto es el que actualmente equipan las sillas de ruedas eléctricas para personas con problemas de movilidad. Más recientemente, un diseñador presentó un coche sin volante a la vista. Este elemento, y otros mandos, se “escamoteaban” en el salpicadero cuando no eran necesarios. De este modo, el habitáculo se convertía en una cabina diáfana. Se trataba de un estudio sobre las posibilidades que ofrecerán los coches autónomos, en los que el interior será una suerte de salón donde poder hacer lo que uno desee mientras el automóvil se dirige al destino elegido: ver la tele, consultar internet, trabajar o descansar. Lo que uno prefiera.

Si echamos la mirada atrás, esto de los vehículos sin volante no es nuevo. Y es que este elemento circular no nació a la par que el automóvil. Los primeros ejemplares carecían de él. Solo hace falta rememorar la famosa imagen de 1886 en la que Berta Benz estaba a los mandos del coche que ideó su marido, considerado el primer automóvil -al menos el primero con motor a explosión-. El ejemplar tenía un semimanillar para gobernar la dirección, que estaba inspirado en los timones de algunas barcas.

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